Horas pesadas, horas que miramos de pasada, sólo son eso, momentos que se hacen eternos cuando de eternidad no tienen nada. Largos letargos que para el tiempo son un latigazo, un movimiento en el aire de la nada. Horas insulsas que llevan el tiempo de otro.
Llora el aburrimiento en busca de los periplos fugaces, allí, en ese viaje que vuela, que corre y nadie ni nada lo atrapa. La felicidad es un sentimiento conjunto que colma de placer al placer. El recuerdo se instala en alguna parte y desde allí se encuentran destellos de algún sol entre nubes. Nunca nada es tan bonito como fue.
El recuerdo llena de nostalgia a las almas cuando están en penumbra, desde ella, cuando se encuentra algún destello, el cuerpo sonríe de forma contenida y se vuelca febril por un instante. La mirada llega lejos, más lejos que tu cuerpo, lo traspasa todo y se posa allí; en el infinito.
Todo se difumina, el alma se catapulta allí a donde se fue la mirada, ese momento en que el infinito parece el lugar más concreto. Mas allá no hay nada y si lo hubiera no importaría lo más mínimo. Estás bien, no te afecta ni el tiempo y mucho menos el espacio. Tu mente está con tu alma, justo donde quiere estar, allí donde las miradas buscan el recuerdo, allí en donde las miradas se pierden.
Aquí contribuyo con algo a esta nueva experiencia....... cuando el tiempo me deje aportaré otras cosas, tan sólo tenía ganas de perder la virginidad cibernética!
Cuantas ganas tenia de sentir el calor de tus palabras, rebeldes y viajeras, llenas de vida, que irrumpen como dulces y melodicos susurros en el incomodo silencio.
ResponderEliminarTe quiero Kike, y te echo de mucho de menos.