Un día tal como hoy, hace 27 años, nació un joven en la ciudad portuaria que vio nacer a tan conocidos como paradigmáticos personajes tales como Pablo Iglesias, Francisco Franco o María Patiño.
Nació en el mar, en la lluvia, en la tierra de la melancolía, y como fruto de dicha tierra, adoptó y representó desde ese día, con robótica precisión, todas esas características.
Hijo de Teresa y Anxel. Ella, como el joven, compartía un carácter propio de las tormentas que Zeus creaba con su colérica fuerza contra quienes osaban maldecirlo. Él, como el joven, compartía la mirada intensa de quien sin decir nada, lo dice todo. Había nacido la combinación perfecta de la impulsividad más eléctrica y la reflexión platónica.
Se educó en la religión, en las artes, en la escuela de barrio, junto a los curas y las monjas (personajes típicos de aquella ciudad portuaria), junto a otros jóvenes gallegos que en su infancia, pocos hubieran precisado su devenir futuro.
Inocente en su juventud, ya demostraba las cualidades y carácter que le marcarían de por vida. Nocturno, lector, cinéfilo, generoso y literato, ya compraba revistas especializadas en cine en su temprana pubertad.
Entonces llegó la pubertad. Descubrió, junto a una joven dama del país de Dalí, las maravillas del amor adolescente, el placer nocturno de invitar a un bar entero a tequila, y el arrepentimiento subsiguiente al descubrir lo que había hecho en el calor de la noche, a través de su vacío monedero.
Siguió creciendo, amó, bebió, leyó, sufrió, pegó, fue pegado, estudió, suspendió, aprobó, leyó, leyó más, salió, experimentó, se drogó, siguió drogándose, dejó de drogarse, estudió, y un buen día y tras una etapa de largas noches, de columnas, de sonrisas y besos falsos, de falsos amigos, de falsos amores y de verdaderos desamores, llegó a Madrid.
Una noche en la sala de televisión de la residencia más canalla de Madrid, arrinconado en una esquina, como queriendo superar su aldeanía, se decidió a bajar a tomar una cerveza con unos desconocidos capitaneados por pequeño y entrañable cartaginés (Aníbal), al bar llamado “Gato”.
Ese día surgió, resurgió mejor dicho, la tormenta de Zeus, como aparecida de la nada, desde la calma de los mares paradisíacos, desde el aletargamiento, llegó, vio y venció.
El aldeano ya no era un aldeano, como poseído por el viejo sentimiento de aquel joven adolescente que invitaba a los borrachos ingleses a su décimo vaso de tequila, invitó a cervezas, se cameló a las chicas, y allí, en el calor de la noche, en la euforia del alcohol y los desconocidos, lo conocí.
Fue un flechazo, entre locos, enanos, empollones, peonzas y demás criaturas, nos vimos y reconocimos, rápidamente fuimos a compartir lo que en aquella época nos unía (o por lo menos eso nos parecía), las drogas.
En aquella habitación aquejada de pestilencia crónica, junto al que sería nuestro inseparable compañero de noches, el servicio, expusimos nuestras credenciales, nuestra experiencia y todo nuestro bagaje.
De ahí en adelante, todo fue rodado.
Drogas, mujeres, noches, bebida, amistad, amigos falsos, noches falsas, vaciados instantáneos de la asignación mensual, incineración profesional de dinero, el agujero, el tan odiado pero necesario agujero, los consejos, las mañanas con el porro de un gramo, las visitas matutinas en búsqueda del cómplice ausente de sus responsabilidades, todo eso fue y será siempre, para nosotros.
Viajes, mujeres, aventuras, distancias, ha habido muchas razones para separarnos, pero nunca, nunca, nos hemos separado. Una llamada, una visita, una noche, una biblioteca, una raya, una bolsa verde (y otra, y otra y otra), unas risas, muchas risas, siempre risas, una pregunta en la discoteca, muchas preguntas en la discoteca, pero siempre la misma pregunta, nueva horneada de la residencia más canalla de Madrid (Aliados de una vida), nuevas mujeres, nuevos desamores, nuevos rencores, nuevas paranoias, nuevos libros, muchos libros, siempre libros, más biblioteca, poco estudio, mucha cafetería, muchas discusiones, muchos libros, siempre con los libros, alguna raya, muchos tercios, muchísimas bolsas verdes, siempre hemos tenido, y siempre tendremos, razones para no separarnos.
La vida sigue, crecemos, amamos, nos formalizamos, pero el hilo conductor es siempre el mismo, intacto, incorrupto, indestructible, invisible, infranqueable, siempre el mismo.
El joven crecía, tras las aventuras y desventuras, tras el sufrimiento, tras las paranoias de la vuelta a aquella habitación, que estaba justo al lado de aquella otra habitación, donde los recuerdos empujaban a amar pero el presente empujaba a golpear la puerta la silla y los muebles.
Entonces llegó el piso, mejor dicho, la caverna. Allí se consolidó todo, los Aliados de una vida lo eran ya, y lo serían para siempre, la nueva sangre ya no era nueva, era de la vieja escuela, quería serlo, y la vieja escuela la reclamaba. Esa sangre vino como agua de mayo, nuevos acentos, nuevos literatos, nuevos músculos, nuevas fiestas, nuevas drogas, nuevos viajes, nuevos pisos, nuevas chicas, pero siempre, siempre, el hilo conductor estaba presente.
Las mujeres estaban, y estarán, nuestro joven melancólico se encerró, llegó a parecer que ya no era él, sino el novio de ella. Pero no, él era el mismo, más gordito, más bebedor, pero era el mismo, y seguía el hilo conductor, férreo irresistible, irreductible, siempre ahí, siempre presente, latente, palpitante.
Luego ella ya no estaba, el sí. Siguió, sufrió, folló, se drogó, pero siguió leyendo, más, y más, y más, y más, y lo superó. Había nuevas bibliotecas, nueva sangre significaba nuevas bibliotecas, y nuevos tercios, poco estudio, mucho café, muchos libros como siempre, mucha caca, y muchas, muchas tertulias.
El joven se graduó, como ya hiciera antes y hará después, llegó, vio y venció.
Parecía el final, la gente crece, cambia, madura, se muda, viaja, descubre, se enamora, pero no, el hilo conductor no terminó, siguió, fuerte, latente, persistente, constante.
El joven se fue lejos, se arriesgó, le echo dos cojones, bebió, volvió a invitar a un bar entero a tequila, volvió a sentirse aquel joven en el medio de los ingleses invitándoles a su vigésimo primer tequila, volvió a retarse, a enfrentarse a su aldeanía que años ha parecía olvidada, pero seguía ahí, tenía que desaparecer, esfumarse, tenía que crecer y conocer, descubrir, maravillarse, acojonarse, enfrentarse y otra vez, vencer.
Lo hizo, se fue, se arriesgó, llegó, se emborrachó, se enamoró, viajó, aprendió, sobresalienteó, y volvió a sobresalientear. El joven aldeano de la ciudad portuaria hizo enmudecer a historiadores norteamericanos, los crujió, ayudó a cambiar al mundo, se bebió un whisky en la campaña que hizo subir a lo más alto al primer negro en aquel lugar de blancos protestantes y puritanos, participó de la victoria, de la superación, del sueño americano, una vez más, llegó, vio y venció.
Pero no, ni aún así se perdió el hilo conductor, seguía, latente, distante pero constante, presente, diariamente recordado, públicamente manifestado y alardeado, ampliamente fanfarroneado, allí estaba, allí estará, el hilo conductor.
Nuestro hilo conductor, el férreo, incontestable, irreductible, invencible, el nunca suficientemente cuidado, el siempre persistentemente creador de felicidad, nuestro hilo conductor, el que nos mantendrá cercanos en la lejanía, iluminados en la oscuridad, el que siempre representará el lugar donde podremos ir donde todos los demás lugares son ajenos y hostiles, ese lugar al que siempre hemos vuelto a pesar de las distancias, ese hilo nuestro, que es nuestra hermandad, nuestra alianza, nuestro compromiso, nuestra lealtad, en definitiva, nuestra imperecedera amistad.
Doy gracias a Dios que un día tal y como hoy nació ese aldeano de la ciudad portuaria, que hoy ya no es ningún aldeano, que podría dar clases a extranjeros sobre su propia historia, que podría dirigir al éxito cualquier publicación, que podría escribir toda la literatura desde cero otra vez, doy gracias a Dios por el día que nació mi hermano no sanguíneo, mi compañero de batallas, de alegrías y de penas, de noches y de días, mi amigo, mi mejor amigo.
Feliz cumpleaños hermano, todos nos acordamos de ti, todos mantenemos el hilo, nuestro hilo, ahora y siempre, disfruta de tu día, estamos allí contigo, te echamos de menos y nos gustaría que estuvieras, pero por suerte tenemos el hilo, te tenemos a ti. Un abrazo hermano de todos los que te queremos, que sufrimos por ti, que lloramos de alegría y de dolor por ti, de todos los que cada día nos acordamos de ti, de todos los que cada día y siempre más nos enorgullecemos de ti, feliz cumpleaños hermano.
Un fuerte abrazo,
Tus hermanos de hilo conductor.
Un foro para todos aquellos con ganas de expresar su opinión y compartir sus experiencias, hobbies e inquietudes con todos nosotros
Un grupo de amigos, un email, una cadena, una idea...un blog
Todo empezó un miércoles 19 de enero...cuando uno de nuestros amigos, nostálgico por aquel maravilloso viaje a tierras cálidas y lejanas, empezó a pensar en aquellas infinitas conversaciones producto del alcohol y la buena compañía.
El primer email, los traductores del Senado y el "insignificante" coste que conlleva en estos tiempos de riqueza y abundancia. Calurosas fueron las contestaciones hasta que, uno de los nuestros, tuvo la idea.
¿Por qué no expresar nuestras opniniones libremente? ¿Por qué no compartirlas con todo el mundo?
En aquel mismo instante nació la idea, nació nuestro blog, nació vuestro blog.
Bienvenidos.
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